Estimados colegas acuacultores
Cada dia el reto es mayor, pues la tasa de degradación del medio ambiente es creciente y con ello la destrucción, deterioro y daño de los ecosistemas acuaticos en los que naturalmente se propagaban y reproducian las especies nativas de las cuales se alimentan comunidades enteras, es por eso que la producción pescado a nivel continental debe tenificarse, para que asi se reduzca la presion sobre las poblaciones acuicolas salvajes y permita que estas se repueblen gradualmente.
Hoy se esta sufriendo un terrible incendio forestal, que dicen que ha arrazado con mas de tres mil hectareas de las cienagas del Choco, perdida incalculable de inumerables especies naturales de flora y fauna, si antes de este acontecimiento se aunciaba que se encontraban en riesgo el 50% de las especies piscicolas de este bello y olvidado departamento colombiano, que sera ahora que se cuentan con miles de hectareas menos de zonas de reproducción y alevinaje?
En peligro la mitad de los peces del Chocó
biogeográfico
21 de Febrero del 2014
Acciones contra el ambiente amenazan las
especies de agua dulce en la frontera con Panamá y Nariño.
Hoy podemos decir que en Colombia vive una de las mayores poblaciones de
peces de agua dulce del mundo. Animales de río que forman una enorme riqueza
natural. Pero tal vez estas frases no podrán pronunciarse con la misma seguridad
y orgullo en el futuro. Por lo menos si no se toman medidas inmediatas por su
conservación. Así lo plantea uno de los mayores estudios de su tipo liderado en
Colombia por la Universidad Javeriana, el Instituto Humboldt y el Fondo Mundial
para la Naturaleza (WWF), que acaba de analizar una de las zonas más biodiversas
y ricas del país, el Chocó biogeográfico, que se extiende entre la frontera con
Panamá y Nariño.
La conclusión: de las 186 especies de peces dulceacuícolas que habitan en
esta extensa región, una de las más biodiversas del país, el 50 por ciento –63
de ellas endémicas (no se encuentran en ningún otro lugar del mundo) y 30 que
tienen un alto valor comercial para las comunidades– están altamente amenazadas.
La situación es más compleja para 15 de ellas, que han sido incluidas en el
Libro Rojo de Peces de Agua Dulce de Colombia. Están allí, por ejemplo, el
bocachico, la doncella, los guacucos, el sábalo, el dentón y el bagre, cuyas
capturas ya no son tan frecuentes. Pero también otra serie de peces
excepcionales por su variedad y color.
Saber que hay un recurso nacional tan valioso en juego, poco conocido por la
población de la grandes ciudades que ha estado más acostumbrada al consumo de
especies extranjeras como tilapias, carpas o truchas, resulta importante y no
puede ser visto como unas cifras aisladas.
Este es el primer diagnóstico riguroso que se hace sobre este tipo de
animales –que no toleran el agua salada– desde el siglo XX. Hay que decir que
los primeros estudios sobre peces del Chocó los hicieron norteamericanos en los
primeros años de ese siglo, al punto de que muchas muestras colectadas fueron
llevadas a museos de las universidades de Indiana y Stanford, o están en el
Museo de Historia Natural de Estados Unidos. Y desde George Dahl, considerado el
padre de la ictiología nacional y quien realizó estudios después de la década de
los 60, no había un análisis tan detallado de la vida acuática en esta región
del Pacífico.
Paralelamente a estos estudios, lo que resulta impactante es que con
poblaciones de peces bajo amenaza, lo que está realmente en riesgo es la
alimentación de cerca de un millón 500.000 personas, la población estimada de
esta zona, integrada en un 90 por ciento por afrodescendientes y a los que se
suman cerca de 100.000 indígenas que hacen parte de ocho etnias. Todos ellos
dependen del consumo de pescado para obtener proteína.
Se calcula que en todo el país viven alrededor de 1.600 especies de peces de
agua dulce. Esto significa que las que habitan en el Chocó biogeográfico
representan el 13 por ciento del total. Entonces, casi una décima parte de
nuestros peces está en situación de emergencia.
“En primer lugar hay una sobreexplotación acelerada sin ninguna
responsabilidad ambiental. Los peces de agua dulce están sufriendo una
disminución dramática que ha sido percibida por los pescadores durante los
últimos años”, dice Javier Maldonado, ictiólogo de la Universidad Javeriana y
uno de los principales autores de este análisis.
Parte de la razón es porque algunos de estos peces son ornamentales y
codiciados en el exterior para llevarlos a acuarios o completar el catálogo de
algún coleccionista. Frente al tema, la investigación indica que el
aprovechamiento y comercio de los peces ornamentales ha crecido aceleradamente,
al punto de que la supervivencia de las especies de mayor importancia se está
viendo amenazada. Hoy, según la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca
(Aunap), desde Colombia se exportan 17 millones de peces ornamentales, a 120
países y a través de 25 empresas autorizadas, lo que representa ingresos por 7
millones de dólares aproximadamente. Y el 6 por ciento de ese total, proviene
del Chocó biogeográfico, extraído por indígenas emberas, katíos, waunan y cunas,
así como por pescadores artesanales.
Pero adicionalmente a esa sobreexplotación, la modificación de los
ecosistemas es lo que está causando los mayores estragos. Aparecen las
hidroeléctricas, como la de Anchicayá, que ha modificado caudales.
Así mismo, la minería ilegal en muchas regiones chocoanas ha contaminado el
ambiente con mercurio. “Yo estuve en el 2009 recorriendo el río Dagua, y al año
siguiente la destrucción era tan grande que este ya no era un río. Y allí viven
varias especies de peces de distribución restringida”, explica Maldonado.
La acumulación de mercurio también está medida, además para peces que se
capturan en Buenaventura. Pero situaciones similares de contaminación se viven
en otros ríos como el San Juan, Mira, Patía, Baudó y principalmente en el
Atrato, este último con la mayor cantidad de peces amenazados. Con otro
agravante: ya han sido introducidas allí especies de otras regiones. Sobresale
la cachama, una especie de la Orinoquia y la Amazonia, que no es bueno que esté
fuera de sus ecosistemas típicos.
La deforestación
para introducir ganado y cultivos agrícolas sin
planificación es otro problema intenso en esta región. “Aunque no es evidente,
los peces dependen de los árboles para comer, de esas plantas caen muchos
alimentos al agua que ellos aprovechan para sobrevivir. Una selva sin árboles es
de paso una selva con ríos sin peces”, agregó Maldonado.
Para Mary Lou Higgins, directora de WWF para Colombia, la investigación lanza
un mensaje claro: las autoridades deben buscar alternativas de protección y, con
la academia, llenar los vacíos de información que aún hoy persisten sobre estos
vertebrados. “Hoy solo conocemos los peces del 25 por ciento de las cuencas de
la vertiente Pacífica”, indicó.
JAVIER SILVA HERRERA
REDACCIÓN VIDA DE HOY
Tomado de El Tiempo